Abramos un paracaídas

Abramos un paracaídas

Ya es como un mantra: “Estamos en crisis. El periodismo está en crisis”. Se escucha en los pasillos, en las redacciones, en los debates internacionales. “Estamos en crisis. El periodismo está en crisis”.  Sucede en Argentina, en España, en México, en Brasil... “Nadie cree en nada, nadie nos cree...” 

Entonces... ¿Qué hacemos? ¿Nos tiramos de un precipicio? ¿Para qué? Si ya estamos cayendo: hacemos notas como podemos, proponemos investigaciones que no son de los temas de agenda y tratando buscar la mayor cantidad de fuentes. Algunas entienden y ceden, te abren las puertas de su casa y te hablan como si fueras el único en el mundo que las escucha. Otras piensan lo que cada tanto dudamos: el medio es el mensaje. Entonces se callan, prefieren hablar con otro medio o ni hacerlo. Y uno como periodista no lobbista le aclara que es independiente.

Ni hablar de los cierres de medios, de los despidos. Ni de nosotras, las mujeres. El periodismo es un ambiente repleto de hombres. Se calcula en los medios gráficos que sólo el 37% es personal femenino. Y ni hablar de los cargos de dirección. Pero bueno... eso va acorde con el mundo... de las 500 empresas más grandes del mundo, sólo el 4% está a cargo de mujeres.

Eso sí, seamos del género que se seamos, mientras caemos, tratamos de saltar otras barreras: esas barreras formadas por billetes de políticos de turno o de empresas (muchas, por ejemplo, del mundo del agro) que pagan las pautas publicitarias…

Durante la caída, a veces, nos las llevamos por delante: "tratá de no meterte con ese tema que el tipo es dueño de una megaempresa, que tiene ansias de ser el próximo presidente y pone mucha plata en un suplemento que es el que nos hace ser el medio que somos. Un medio que está en crisis y que en cierto punto, gracias a ese tipo que roba o estafa o engaña o dirige el mundo narco o de la trata, paga tus sueldos y el de tus compañeros. Mejor, no digas nada".

Mientras tu cuerpo vuela hacia abajo, hay veces en que podés elevarte un poco: te publican una nota que critica a ese tipo. Y ahí es cuando, mientras pensabas que llegabas a lo alto, caés de un hondazo: el tipo de golpe llama a tu jefe para decirle que todo lo que investigaste es mentira, que te abre las puertas de su casa -que hace meses que te las venía negando- para mostrarse como el mejor y de esa manera, seguir girando esa rueda que hace que cada mes tengas un sueldo.

Entonces resulta que el periodismo además de ser “el oficio más bello del mundo.” El que te abre la cabeza, el que hace que puedas conocer realidades o llegar a lugares impensados; que hace que vos puedas tener ideas propias porque nadie te cuenta la realidad, sino que la vivís por vos mismo; también es esto.

Mientras uno se levanta de la cama, exaltado, pensando que cayó, suena el celular: es una amiga mexicana que dice que va a sacar plata de su bolsillo para poner un medio digital independiente.

—Pero mirá que estamos en crisis -suena el mantra.

—Sí, pero antes de tirarnos por un precipicio, abramos un paracaídas...

 

(La versión original de este texto es de 2015, reescrito en 2018)

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