Cíclicas

Cíclicas

Las mujeres somos como la naturaleza: sabias, fuertes, fértiles e inestables.

No somos lineales, ni siquiera regulares. Somos cíclicas.

Incluso, nuestra misma ciclicidad se modifica periódicamente.

Así somos. Pero yo no lo sabía. Todas y cada una de las experiencias relacionadas con mi menstruación me llevaron a una tremenda frustración e incapacidad de explicar cómo me sentía cada vez que me venía.

Por culpa del dolor menstrual, tuve que abandonar lugares de trabajo, cenas, cumpleaños o la escuela por las náuseas, los mareos o los desmayos.

¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué este dolor me paraliza? ¿Por qué, aunque lo intento, mi cuerpo no me responde cuando yo quiero hacer algo? Tal vez en el fondo de mi mente no quiero hacer nada. Tal vez mi alma me está pidiendo a gritos un descanso.

Por estas situaciones de desesperación por saber qué me pasaba y por qué mi menstruación es tan dolorosa, a mis 25 años inicié una investigación personal sobre lo que significa menstruar en nuestra sociedad.

Eso me llevó a conversar con terapeutas menstruales, tanto de España (de donde soy) como de Argentina; a leer sobre las fases del ciclo menstrual y la luna; a probar con la medicina china y la espiritualidad…

Hoy, aquí, pretendo mostraros el gran poder que se nos otorgó a las mujeres con la menstruación. La conexión que tenemos con la Pachamama, la tierra, y la naturaleza. La influencia e importancia que la luna ejerce sobre nuestro ciclo menstrual.

Si deseás iniciar este camino al autoconocimiento, de empoderamiento y descubrir cómo el sistema nos tapa hace años, podés seguir leyendo…

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Etimológicamente, la palabra 'mes' viene de la luna, al igual que 'menstruación'. Tanto la luna como la menstruación están arraigadas en palabras que significan 'medir'.

Los primeros calendarios fueron hechos por mujeres y rastrearon la luna y los ciclos menstruales. Hay evidencia de que estos calendarios fueron creados para adoptar antiguas prácticas de concientización sobre la fertilidad. Los calendarios de las mujeres iluminaron los ritmos naturales tanto para la concepción como para la anticoncepción, nacimiento, caza y cosecha.El ciclo hormonal, además, responde y se sincroniza con las cuatro etapas del ciclo de la luna (nueva, creciente, llena, menguante).

Las mujeres menstruantes pasamos por cuatro estaciones a lo largo de nuestro ciclo menstrual: otoño (premenstrual), invierno (menstrual), primavera (preovulación), verano (ovulación) o Niña, Madre, Hechicera y Bruja. En todas y cada una de estas etapas, experimentamos una serie de energías, emociones y manifestaciones externas diferentes.

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La última vez que acudí a mi ginecólogo (mi ginecólogo por la Seguridad Social) me fui sabiendo que no volvería más, por lo menos en mucho tiempo. Pero antes, su respuesta fue la de siempre: “Ibuprofeno u hormonas”.

Le dije que estaba hablando con una persona que se había desmayado varias veces (por lo menos unas cuatro veces a lo largo de mi vida) a causa del dolor menstrual. Que no hace mucho en el trabajo mis compañeros habían tenido que llamar a una ambulancia porque yo me estaba retorciendo de dolor. Pero él me seguía recetando ibuprofeno.

Os podría explicar el porqué me niego a seguir un tratamiento basado en anticonceptivos y también os podría relatar la cara que me puso cuando le dije, con determinación, que yo no me iba a tomar hormonas.

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M. Laura Montoya, terapeuta argentina especializada en energía femenina, me explicó que “arquetípicamente, la menstruación se da en luna oscura y en ese momento nos convertimos en brujas”. El cuerpo nos manda avisos de que nos tenemos que retirar, de que necesitamos calor.

La sangre, aunque no lo sepamos, es nuestra fuente de poder. Tenemos la posibilidad de bajar al cuerpo, de darnos nuestro lugar en la tierra. La posibilidad de reconectar con nosotras mismas. Y, sin embargo, en nuestra sociedad, está casi censurada y vista como con pudor. Un poder tan propio como negado.

Zulma Moreyra, creadora de la Formación de Terapia Menstrual y especializada en espiritualidad femenina, explica que “es una sangre rica en hierro, en colágeno y en elastina, tiene muchos nutrientes” y que tiene la propiedad de regenerar.

Miranda Gray también habla de los dones del ciclo en su libro La luna Roja.

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Tal vez te sorprenderá descubrir que la forma en la que nosotras vivimos nuestra menstruación se corresponde mucho con nuestro propio linaje familiar.

Cuando mi abuela era joven, se tenía que tumbar en el almacén de la tienda en la que trabajaba porque no podía ni mantenerse en pie a causa del dolor. Mi madre pasó por lo mismo y le dijeron lo mismo en una consulta ginecológica. Las soluciones parece que siguen siendo las mismas. Aunque a estas alturas puedo decir que, basándome en lo que ellas me cuentan, hemos avanzado muy poquito.

Según Laura Montoya, nuestra génesis tiene origen en nuestra abuela materna, tanto en hombres como en mujeres. La explicación es que “fuimos ovocito en el pequeño cuerpo de mamá mientras ésta estaba en el vientre de la abuela” y esto nos conecta intrínsecamente a ella de por vida.

Laura explica cómo “esta potencia, esa chispa sagrada que nos dio origen está atravesada por lo que estaba viviendo la abuela materna en ese momento: lo que pensaba de los hombres, de las mujeres, de la maternidad, del sexo, del placer y de la menstruación. Lo que pasaba económicamente en su hogar, lo que pasaba en el país. Estamos directamente atravesadas por esas memorias”.

Esto, según la terapeuta, provoca que muchas mujeres de nuestra generación vivamos con úteros endurecidos y con poco registro del placer o de la habilitación a éste.

Os podríais reír conmigo (igual que yo aún lo sigo haciendo con mi madre) del día en el que mi anterior ginecóloga me dijo que yo no había engordado, ni me encontraba mal, ni tenía nauseas y mareos por culpa de las pastillas anticonceptivas, sino porque comía demasiadas galletas para merendar. Ahí aprendí que jamás iba a ser comprendida por el sistema.

Es mi frustración personal. Es la forma que tiene el mundo de recordarme (como mínimo una vez al mes) que sigo viviendo en un sistema machista, en el que los problemas “de mujeres” siempre representarán una categoría a parte que no merece ni un mínimo de atención.

Ya sé lo que estaréis pensando, que es algo puramente genético y que, en el fondo, no debe ser para tanto. Que las mujeres tendemos a victimizarnos. Que la regla no debería impedirte para hacer nada. Pero no es mi caso.

Zulma Moreyra afirma que “venimos de una generación de personas que fueron negadas a nivel emocional y psíquico” y que, por tanto, nosotras vamos sanando linajes para dejar el camino un poco más allanado para las generaciones futuras. Sin embargo, la especialista en espiritualidad femenina afirma que “nosotras todavía tenemos una gran carga”.

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Conócete y activa la compasión contigo misma. Según Laura Montoya lo primero que se puede hacer es descubrir nuestra propia ciclicidad, el patrón cíclico. Un proceso que puede alargarse meses pero que nos va ayudar a descubrir “en qué luna estás en cada momento y a no forzarte a ti misma ni a meterte en una trampa en la que lxs demás te exijan.”

No obstante, Laura explica cuán revolucionario es este proceso de autoconocimiento, pues hasta el momento estábamos acostumbradas a forzar a nuestro cuerpo y a nuestra mente para que todo funcionase, incluso aunque no pudiéramos más. Según ella, “la solución es trabajarse, profundizar, activar la compasión, abrazar el dolor y amar nuestros cuerpos. Si nos resistimos al dolor, éste va a seguir apareciendo”.

En este contexto, la copa menstrual se presenta como una gran solución para reconectar con nuestra propia esencia, con nuestra génesis. Resulta un gran viaje para conectar con nuestra propia sangre, y entender que ésta contiene nuestro ADN, nuestra historia y la de todo nuestro linaje.

Y darnos amor, ¿por qué no? Según M. Laura Montoya, “una gran medicina para el dolor menstrual es la masturbación”. De este modo, para poder concebir y parir, para poder vivir nuestra menstruación consciente es necesario que nuestras úteras estén ejercitadas. ¿Y cómo se ejercitan? Pues con orgasmos.

No obstante, siguiendo con las palabras de Laura, “parte de crear estas soldadas para el patriarcado consiste en formar personas no habilitadas al placer, vacías, incompletas que no se sientan merecedoras de ese placer y ese bienestar.” Se nos ha negado también el derecho a la masturbación, algo que en los hombres no ha sucedido, haciéndonos sentir vergüenza y pudor desde el momento de empezar a explorarnos.

En definitiva, debemos dejar de ser tan duras con nosotras mismas. Conocer nuestros propios monstruos. No forzarnos.

“Tenemos que ir lento, recordar que somos la tierra, y que ésta tiene cuatro estaciones. Muchas veces hay que esperar un año, no podemos forzar el verano. Y, si lo forzamos, el cuerpo lo va a sentir.”

Resumiendo, ¿somos débiles? ¿O simplemente cíclicas? Y yo me pregunto sobretodo ¿hasta qué punto somos nosotras mismas? ¿Estamos verdaderamente respondiendo a nuestras propias necesidades como mujeres? ¿Estamos realmente conectadas con nuestro ser y con nuestras verdaderas necesidades? ¿O estamos respondiendo a lo que la sociedad espera o moldeó de nosotras?

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Respecto a mis dolores, os puedo contar que todavía no he encontrado la solución. Probablemente sea algo que pasará, como todo en esta vida. Posiblemente descubriré algún dato de mi linaje que me permitirá romper el hechizo.

Lo que sí que os puedo contar es que ahora, porfin, estoy empezando a disfrutar de mi menstruación. Recibo estos días con cierta alegría, porque sé que es el momento ideal para limpiarme y purificar mi cuerpo y mi alma de todo aquello que me ha sucedido durante el mes. Es la oportunidad de un comienzo.

He empezado a utilizar la copa menstrual, así como otros remedios tales como las bragas absorbentes o compresas reutilizables. Esto me permite respetar más la naturaleza y, por lo tanto, sentirme más conectada a ella. También me permite tener un contacto más directo y controlado sobre mi propia sangre.

Ahora recibo el dolor con amor y compasión, paralizo mi vida si es necesario e intento exigirme menos a mi misma. Si necesito pasarme un día en la cama, lo hago. Si necesito ayunar, lo hago.

Creo que es el primer paso para dejar de ver la menstruación como ese gran “tortura” que nos contaron que era. Tal y como me dijo Laura, he activado la compasión y la comprensión conmigo misma. He aprendido a ejercer la no violencia también sobre mi propio cuerpo. Y así, por este camino, seguramente en algún momento todo dejará de doler.

PD: Si quieren comenzar a reconectar con su ciclo, les regalamos este calendario que nos gusta mucho de Somos Uvia

#SomosHistorias

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